No es la edad: es perder la confianza en tu cuerpo.
Resumen
Muchas personas atribuyen a la edad los pequeños cambios que empiezan a notar al moverse. Pero en la mayoría de los casos, el problema no es cumplir años, sino perder confianza en el propio cuerpo. En este artículo reflexiono sobre por qué ocurre y cómo abordarlo desde una mirada de envejecimiento activo.
Hay una frase que escucho mucho y que, casi siempre, viene cargada de resignación.
“Bueno… será la edad.”
La dicen personas que todavía hacen su vida con normalidad. Que caminan, que se mueven, que no están enfermas. Pero que han empezado a notar pequeños cambios. Nada grave. Nada alarmante. Solo cosas que antes salían solas y ahora requieren un poco más de atención.
Y casi siempre, cuando aparece esa frase, aparece también una idea peligrosa: que no hay nada que hacer.
Que es lo que toca.
Que es normal.
Que hay que asumirlo.
Y no. No siempre es así.
En la mayoría de los casos, lo que está pasando no tiene tanto que ver con la edad como con algo mucho más concreto: la pérdida de confianza en el propio cuerpo.
Cuando el cuerpo duda, tú dudas.
Nuestro cuerpo funciona muy bien cuando confiamos en él. Cuando nos movemos sin pensarlo demasiado. Cuando subir una escalera, levantarnos del suelo o girarnos rápido no genera ninguna duda.
El problema es que, cuando empezamos a movernos con más cuidado, esa relación cambia.
Un pequeño tropiezo.
Una sensación de inestabilidad.
Un día en el que algo no salió como esperabas.
No hace falta una caída. A veces basta con el susto.
A partir de ahí, el cuerpo empieza a dudar. Y cuando el cuerpo duda, tú también. Empiezas a frenar movimientos, a ir más despacio, a evitar ciertas posturas “por si acaso”.
Y eso, aunque parezca una buena idea, tiene consecuencias.
El círculo que casi nadie ve.
Cuando evitamos movernos como antes, perdemos fuerza.
Cuando perdemos fuerza, perdemos estabilidad.
Y cuando perdemos estabilidad, perdemos todavía más confianza.
Ese círculo no aparece de un día para otro, pero cuando se instala, va cerrándose poco a poco.
Y entonces sí, llega un momento en el que todo se justifica con la edad.
Pero el origen no era la edad.
Era la falta de trabajo específico sobre el movimiento.
Esto es algo que veo constantemente trabajando con personas dentro del enfoque del envejecimiento activo. Personas que no necesitan hacer más cosas, sino hacerlas mejor. Con sentido. Con progresión. Con acompañamiento.
No se trata de hacer más, sino de hacerlo con sentido.
Aquí suele aparecer otro error muy común: pensar que la solución es “moverse más” sin más.
Caminar más.
Hacer más actividades.
Mantenerse ocupado.
Y moverse es importante, claro que sí. Pero no todo movimiento genera confianza. A veces incluso genera más inseguridad.
La confianza en el cuerpo se recupera cuando:
trabajas la fuerza de forma adecuada
mejoras el equilibrio
entiendes cómo moverte
y alguien te acompaña en el proceso
No cuando haces cosas al azar.
Por eso muchas personas activas siguen sintiéndose inseguras. No porque no hagan nada, sino porque no están trabajando lo que realmente necesitan.
Entender esto cambia muchas cosas.
Cuando una persona entiende que no es “que se esté haciendo mayor”, sino que ha perdido confianza en su cuerpo, cambia la manera de afrontar la situación.
Ya no se resigna.
Ya no se compara.
Ya no se culpa.
Empieza a hacerse otra pregunta mucho más interesante:
“¿Qué puedo hacer para volver a sentirme seguro al moverme?”
Esa pregunta abre la puerta a un trabajo mucho más consciente, más tranquilo y más eficaz.
Es justo ahí donde empieza a tener sentido una forma de trabajar basada en el envejecimiento activo: no para correr más, ni para sufrir más, sino para volver a confiar.
Si este texto te ha ayudado a entender algo que llevabas tiempo notando, quizá el siguiente paso no sea hacer más cosas, sino hacerlo de otra manera.
Si quieres, en el próximo artículo hablaré de algo muy relacionado con esto: por qué perder fuerza y equilibrio no es normal, aunque sea frecuente.
Y si te apetece, también podemos hablarlo con calma.
Si al leer esto has pensado en ti… o en alguien a quien quieres.
Si mientras leías este texto has pensado en ti,
o en tu padre, en tu madre o en alguien cercano,
quizá tenga sentido que lo hablemos.
No para convencerte de nada, sino para ver si esta forma de trabajar puede encajar en vuestro momento y en vuestras necesidades.
¿Te ha pasado alguna vez algo parecido?
Si quieres, escríbeme y lo vemos con calma.
Sobre el autor
Dani Puchades
Dani Puchades es un profesional especializado en longevidad y envejecimiento activo, centrado en diseñar programas de entrenamiento físico para mejorar la calidad de vida de las personas mayores. A lo largo de su carrera, ha desarrollado métodos que promueven la independencia y el bienestar integral en la población senior, integrando ejercicio físico y hábitos saludables para fomentar un envejecimiento más activo y saludable.
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