Entrenar fuerza y equilibrio no es peligroso (y por qué es justo lo que más ayuda).
Resumen
Moverse es importante, pero no siempre suficiente para envejecer bien. Una reflexión clara sobre actividad, fuerza, equilibrio y confianza al moverse.
Hay una frase que aparece casi siempre en algún momento de la conversación.
No suele salir al principio.
Sale cuando ya llevamos un rato hablando.
“Eso ya no es para mí.”
“Ahora hay que ir con cuidado.”
“Con cierta edad, mejor no forzar.”
Y lo dicen sin dramatismo.
Con sentido común.
Con esa sensación de estar siendo responsables.
Porque durante mucho tiempo nos han hecho creer que, a partir de cierta edad, el cuerpo es frágil. Que hay que protegerlo. Que cualquier esfuerzo puede ser un problema.
Y claro… nadie quiere hacerse daño.
El miedo no es al movimiento, es a las consecuencias.
La mayoría de las personas mayores no tienen miedo a moverse.
Tienen miedo a lo que pueda pasar si algo sale mal.
Un mal apoyo.
Un resbalón.
Un gesto que antes no daba problemas y ahora sí.
A veces viene de una caída.
Otras, de un susto.
Otras, de ver a alguien cercano pasar por algo así.
Y poco a poco se instala una idea muy potente:
“Mejor no tocar eso.”
No entrenar fuerza.
No trabajar equilibrio.
No probar ciertos movimientos.
No porque no puedan.
Sino porque no quieren arriesgar.
Lo que casi nunca se dice.
Aquí viene la parte que casi nadie explica con calma.
Con el paso del tiempo, no entrenar fuerza y equilibrio suele ser más arriesgado que entrenarlos.
Porque la fuerza que no se usa se pierde.
Porque el equilibrio que no se trabaja se vuelve torpe.
Porque el cuerpo que no se expone deja de saber reaccionar.
Y entonces, cuando aparece algo inesperado (un tropiezo, un mal apoyo, un movimiento rápido), el cuerpo no responde como antes.
No por la edad.
Sino porque no está preparado.
En este artículo explico por qué estar activo no siempre es suficiente.
Entrenar no es forzar, es preparar.
Cuando hablamos de entrenar fuerza y equilibrio en personas mayores, no estamos hablando de hacer locuras. Ni de sufrir. Ni de ponerse a prueba sin control.
Estamos hablando de algo mucho más sencillo:
Preparar el cuerpo para la vida diaria.
Aprender a levantarse mejor.
A apoyarse con más seguridad.
A recuperar movimientos que se han ido dejando.
A volver a confiar.
Entrenar bien no es hacer más.
Es hacerlo mejor.
Con calma.
De forma progresiva.
Sabiendo por qué haces cada cosa.
Cuando el cuerpo entiende que no hay peligro.
Algo muy curioso pasa cuando se empieza a trabajar así.
Personas que pensaban que “ya no podían” descubren que sí.
Que no era incapacidad, era desuso.
Que no era edad, era falta de estímulo.
Y cuando el cuerpo entiende que lo que le pides es seguro, empieza a responder.
Primero con pequeñas mejoras.
Luego con más estabilidad.
Y, casi sin darse cuenta, aparece algo muy importante:
La confianza.
La verdadera prevención no es evitar, es entrenar.
Evitar movimientos da tranquilidad a corto plazo.
Pero entrenarlos da seguridad a medio y largo plazo.
Por eso, dentro del envejecimiento activo, la fuerza y el equilibrio no son un extra. Son la base.
No para hacer cosas extraordinarias.
Sino para seguir haciendo las normales sin miedo.
Levantarte.
Caminar.
Agacharte.
Moverte sin estar todo el día pendiente de tu cuerpo.
No se trata de hacerlo solo.
Aquí está el punto clave.
El problema no suele ser entrenar.
El problema es no saber cómo empezar.
No saber qué es seguro.
Qué tiene sentido.
Qué va primero.
Y qué puede esperar.
Por eso, más que rutinas o programas genéricos, lo que marca la diferencia es el acompañamiento. Tener a alguien que te ayude a entender tu punto de partida y a avanzar con confianza.
En el próximo artículo hablaré precisamente de eso: por dónde empezar cuando sabes que quieres cuidarte, pero no sabes muy bien cómo hacerlo.
Y si mientras tanto quieres hablarlo con calma, ya sabes dónde encontrarme.
Si al leer esto has pensado en ti… o en alguien a quien quieres.
Si mientras leías este texto has pensado en ti,
o en tu padre, en tu madre o en alguien cercano,
quizá tenga sentido que lo hablemos.
No para convencerte de nada, sino para ver si esta forma de trabajar puede encajar en vuestro momento y en vuestras necesidades.
¿Te ha pasado alguna vez algo parecido?
Si quieres, escríbeme y lo vemos con calma.
Sobre el autor
Dani Puchades
Dani Puchades es un profesional especializado en longevidad y envejecimiento activo, centrado en diseñar programas de entrenamiento físico para mejorar la calidad de vida de las personas mayores. A lo largo de su carrera, ha desarrollado métodos que promueven la independencia y el bienestar integral en la población senior, integrando ejercicio físico y hábitos saludables para fomentar un envejecimiento más activo y saludable.
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