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Estar activo no siempre es suficiente (y por qué).

Resumen

Moverse es importante, pero no siempre suficiente para envejecer bien. Una reflexión clara sobre actividad, fuerza, equilibrio y confianza al moverse.

Hay algo que me pasa muy a menudo cuando hablo con personas mayores.

Les pregunto cómo se encuentran, cómo se mueven, cómo se ven…
y la respuesta suele ser esta:

“Bien, bien. Yo estoy activo.”

Y lo dicen con tranquilidad. Con orgullo, incluso.
Porque estar activo siempre ha sido algo positivo. Algo que se ha recomendado toda la vida.

Y lo es. Claro que lo es.

El problema viene después, cuando seguimos hablando un poco más.

Porque muchas de esas personas que “están activas” me cuentan, casi sin darle importancia, que hay cosas que ya no hacen igual. Que se levantan con más cuidado. Que evitan agacharse. Que cuando pierden un poco el equilibrio prefieren no forzar.

Nada grave.
Nada urgente.
Nada que suene a problema.

Solo pequeños ajustes.

Cuando haces muchas cosas… pero empiezas a ir con más cuidado.

La mayoría de las personas mayores no están quietas.
Se mueven. Caminan. Hacen recados. Cuidan de su casa. De su gente.

Pero con el tiempo, sin darse cuenta, van dejando de hacer ciertos movimientos.

No porque no puedan, sino porque no les dan buena espina.

Agacharse del todo.
Levantarse sin apoyarse.
Cargar algo de peso.
Cambiar rápido de dirección.

Y entonces aparece una frase muy habitual:

“Eso ya no lo hago, pero bueno… sigo activo.”

Y ahí es donde empieza el malentendido.

Porque moverse no siempre significa trabajar lo que el cuerpo necesita.

Estar activo no es lo mismo que preparar el cuerpo.

Caminar es fantástico.
Moverse es necesario.
No parar quieto ayuda mucho a la cabeza.

Pero caminar no mantiene la fuerza que necesitas para levantarte del suelo.
Caminar no entrena el equilibrio que entra en juego cuando tropiezas.
Caminar no te enseña a reaccionar cuando algo no sale como esperabas.

Por eso hay personas que hacen muchas cosas y, aun así, se sienten inseguras al moverse.

No es que hagan poco.
Es que no están trabajando justo lo que han empezado a perder.

Y esto no tiene nada que ver con falta de ganas ni de actitud.

En este otro artículo explico por qué perder fuerza y equilibrio no es normal, aunque sea frecuente.

El cuerpo se adapta a lo que le pides… y a lo que no.

El cuerpo es muy claro.

Si usas algo, lo mantiene.
Si dejas de usarlo, lo va dejando.

Cuando evitamos ciertos movimientos, el cuerpo entiende que ya no los necesitamos tanto. Y poco a poco, deja de invertir en ellos.

Menos fuerza.
Menos estabilidad.
Menos control.

Y entonces aparece la sensación de inseguridad. Aunque sigas “estando activo”.

Esto es algo que veo constantemente trabajando desde el enfoque del envejecimiento activo: personas que no necesitan hacer más cosas, sino hacer las cosas adecuadas.

No es falta de movimiento, es falta de dirección.

Muchas personas piensan que la solución es moverse más.
Caminar más.
Hacer más actividades.

Y a veces el problema no es ese.

El problema es no saber:

  • qué trabajar

  • por qué

  • cómo

  • y en qué momento

Cuando el trabajo tiene sentido, el cuerpo responde.
Y cuando el cuerpo responde, la confianza vuelve.

Eso es lo que marca la diferencia entre “estar activo” y sentirse seguro al moverse.

Entender esto cambia la forma de cuidarse.

Cuando alguien entiende que no basta con estar ocupado o en movimiento, deja de frustrarse. Deja de pensar que hace algo mal.

Y empieza a hacerse otra pregunta mucho más útil:

“¿Qué necesita ahora mi cuerpo para seguir funcionando bien?”

Esa pregunta abre la puerta a un trabajo más consciente, más tranquilo y mucho más eficaz.

Envejecer bien no va de hacer más.
Va de hacer mejor.

En el próximo artículo hablaré de algo muy relacionado con esto: por qué entrenar fuerza y equilibrio no es peligroso a partir de cierta edad… y por qué, en realidad, es justo lo contrario.

Y si mientras tanto quieres hablarlo con calma, ya sabes dónde encontrarme.

Aquí hablo de ese primer momento en el que empiezas a pensarte cosas que antes hacías sin pensar.

Si al leer esto has pensado en ti… o en alguien a quien quieres.

Si mientras leías este texto has pensado en ti,
o en tu padre, en tu madre o en alguien cercano,
quizá tenga sentido que lo hablemos.

No para convencerte de nada, sino para ver si esta forma de trabajar puede encajar en vuestro momento y en vuestras necesidades.

¿Te ha pasado alguna vez algo parecido?

Si quieres, escríbeme y lo vemos con calma.

Sobre el autor

Imagen de Dani Puchades

Dani Puchades

Dani Puchades es un profesional especializado en longevidad y envejecimiento activo, centrado en diseñar programas de entrenamiento físico para mejorar la calidad de vida de las personas mayores. A lo largo de su carrera, ha desarrollado métodos que promueven la independencia y el bienestar integral en la población senior, integrando ejercicio físico y hábitos saludables para fomentar un envejecimiento más activo y saludable.

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